Hace cinco años que doy los cursos de Product Design, Métricas, Conceptos financieros y Full Loop. A principio de cada curso le pido a los participantes que cuenten por qué se anotaron, qué los llevó a interesarse por el curso. Por los cursos Por esas rondas pasaron más de 3.000 diseñadores, y las respuestas se parecen mucho. Cambian las empresas, los países y los cargos, pero las frases son casi las mismas.
Hace poco hice un análisis del feedback recibido y de ahí surgió el mapa de dolores de los diseñadores.
Con el tiempo aprendí que esas frases describen cómo se siente el problema, pero no necesariamente no cuál es el problema de fondo. Y si uno se queda en la superficie del síntoma, sin ir más allá, es fácil salir a buscar la solución equivocada. Estas son los seis dolores que más traen los diseñadores, lo que suele haber detrás y por dónde empezar.
1. “Me falta la pata de negocio”
Es la que más se repite, con muchas variantes: “hablar el idioma del negocio”, “me falta el puente hacia el negocio”, “entender cómo piensa negocio”, “estar a la par con la gente de negocio”. Lo que describen es una distancia: el negocio aparece como algo externo, un territorio con su propio idioma al que hay que aprender a llegar y convencer.
En el día a día, esa distancia se traduce en problemas muy concretos. Los proyectos llegan ya definidos, y tu trabajo empieza cuando las decisiones importantes ya se tomaron. Cuando proponés algo, no tenés cómo fundamentarlo en términos que le importen a quien decide, y la discusión termina siendo tu criterio contra el suyo. Y cuando el proyecto sale, es difícil mostrar qué aportó el diseño más allá de las pantallas. Eso es lo que se pide al decir “me falta la pata de negocio”: participar antes, argumentar con otras razones y poder demostrar el valor de lo que hacés.
Por dónde empezar: el problema es justamente ese: pensar que el negocio está afuera, que no es parte del problema a resolver. No entender que si bien sin usuarios no hay negocio, sin negocio no hay nada. Y que el producto tiene que resolverle un problema al usuario, con impacto positivo para el negocio. Y esto es lo que suele fallar en los diseñadores. No esperes al próximo proyecto. La próxima vez que tomes una decisión de diseño, preguntate, además de lo necesita lograr el usuario y qué necesita lograr la empresa a través de esa misma funcionalidad. Si no podés escribir la segunda, preguntá a tu PM o a quien pidió el proyecto. Cuando presentes, mostrá cómo tu propuesta responde a las dos. Con esta nueva forma de ver las cosas, ya empezaste a incorporar «la pata de negocio» que te falta.
2. “No sé qué métricas usar”
Se dice como si existiera una lista correcta que alguien se olvidó de pasarte. Esa lista no existe. Las métricas no se eligen de un catálogo: salen de una pregunta.
El error habitual es empezar empezar a pensar en la métrica, y claro, como hay tantas, cuál elegir? Lo que hay que hacer es empezar por la pregunta que querés contestar, o la decisión que querés tomar.
Por dónde empezar: antes de pensar en números, escribí en una oración qué querés decidir o qué pregunta querés contestar. Por ejemplo: “si seguimos invirtiendo en este flujo o lo rediseñamos”. Después escribí qué tendría que pasar para que digas que funciona. La métrica es la forma de observar eso. Si no podés escribir la oración, el problema no es de métricas.
3. “Hay tanta data que me confunde”
Es la contracara de la anterior, y es más común de lo que parece: equipos con tableros enormes donde nadie sabe qué mirar. Cuando no hay una pregunta, todos los números parecen igual de importantes, y mirarlos todos es lo mismo que no mirar ninguno.
Por dónde empezar: la próxima vez que entres a un dashboard o aplicación de analytics, identificá qué pregunta querés contestar. Eso te va a ayudar a enfocar en los datos realmente relevantes.
4. “Me cuesta defender mis decisiones de diseño”
Lo que suele pasar es que el argumento llega tarde. Se intenta defender una decisión cuando ya está tomada y alguien la está cuestionando. En ese punto, cualquier dato que traigas parece elegido para ganar la discusión, y todo se reduce a tu opinión contra la de otro.
Por dónde empezar: llevá la conversación al principio. Antes de diseñar, tenés que tener claro cuál es el objetivo, qué se quiere lograr, para qué. Teniendo eso claro después no defendés tu diseño: mostrás si cumplió o no con el objetivo planteado. Y si no cumplió, eso también es información, no una derrota.
5. “Me llega todo decidido”
A veces también se expresa en como “quedo afuera de las decisiones”. Llegás cuando el problema ya está definido y la solución más o menos decidida, y lo que te piden es la pantalla. Desde ahí solo podés opinar sobre la forma.
Pedir “que nos incluyan antes” no alcanza. Sin nada concreto que ofrecer, ese pedido suena a querer más reuniones.
Por dónde empezar: la próxima vez que te llegue un pedido, antes de abrir Figma, devolvé dos o tres preguntas sobre el problema: qué número esperan mover, qué pasa si no se hace, qué riesgo ves para el usuario o para el negocio. Cuando esas preguntas aportan, la invitación a la etapa anterior llega sola.
Si te reconociste en varias, no es casualidad: todas parten del mismo lugar. Mientras el diseño se piense como algo separado del negocio, vas a tener que defenderlo, pedir que te incluyan y demostrar que tu trabajo no es producir pantallas.
Diseño es justamente lo que conecta lo que necesita el usuario con lo que necesita el negocio. Entendido así, deja de ser algo que hay que defender frente al otro lado y pasa a ser parte de cómo se toman las decisiones. Nuestros cursos y diplomados justamente te ayudan a conectar Diseño con Producto, Negocio, Métricas e IA: la teoría y los marcos para entender cómo cada decisión de diseño impacta en el producto y en el negocio, fundamentarla y medir su valor.
